
El engomado —esa tela con acabado brillante que simula al cuero— se convirtió en una elección habitual de guardarropa, más allá de que esté o no en el radar de las tendencias del momento. Si te sentís cómoda con un short o un pantalón engomado, no hace falta que dependa de la moda: lo que sí hace falta es saber cuidarlo, porque es un material noble pero delicado, sensible al calor, la fricción y los productos agresivos.
La regla de oro es el lavado a mano con agua fría y un jabón suave, evitando torcer o retorcer la prenda para no deformar el recubrimiento. El calor es el gran enemigo del engomado: ni agua caliente, ni secadora, ni sol directo, porque pueden opacar el brillo o resquebrajar la superficie. Si aparece una mancha, conviene actuar rápido con un paño húmedo antes de que se fije.
Para guardarlas, el engomado se cuelga —nunca doblado, para que no marque pliegues permanentes— separado de otras prendas y protegido en una funda de tela, nunca de plástico, que puede generar humedad y pegarse al material con el tiempo.
✨ Tip Zafira
Si tu prenda engomada tiene una mancha difícil, nunca uses alcohol ni productos con cloro — dañan el recubrimiento y pueden dejarlo pegajoso u opaco. Lo más seguro es un paño húmedo con agua y jabón neutro, frotando suave desde los bordes de la mancha hacia el centro. Si no sale, mejor llevarla a tintorería especializada antes que arriesgarte a arruinarla en casa.
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