
Durante los años ’60, Cristóbal Balenciaga introdujo uno de sus sellos más reconocibles: cuellos que se apartaban de la base del cuello y la nuca, en lugar de ajustarse a ellos. El efecto era un marco suelto alrededor del rostro, que dejaba a la vista el cuello y los hombros de quien lo llevaba.
La inspiración venía de Oriente: Balenciaga se interesaba por el kimono japonés y por una sensibilidad distinta a la europea, que ponía el foco en la nuca y las muñecas en lugar del busto o el escote. El resultado se conoció como “cuellos desbocados”, y hoy se lo suele llamar simplemente “Cuello Balenciaga”.
El objetivo no era solo estético: al despegar la tela del cuerpo, esos cuellos dejaban libre el espacio ideal para lucir un collar o unos aros, algo muy elegido por sus clientas, entre las mujeres más adineradas de la época.
✨ Tip Zafira
Un escote que se despega del cuello es el mejor aliado para un collar statement. Si tu prenda tiene esta línea, animate a sumar una joya con volumen: el espacio ya está pensado para eso.
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