Aunque hoy los vemos como el ícono máximo de la moda y la elegancia femenina, la realidad es que no fueron creados para las mujeres ni por estética.
Su origen se remonta siglos atrás con los jinetes persas, quienes los usaban en el campo de batalla por una razón puramente estratégica: el taco les permitía trabar los pies firmemente en los estribos para poder pararse sobre el caballo y disparar sus flechas con total estabilidad.
Más tarde, la aristocracia europea (¡incluidos los reyes!) adoptó este calzado como un símbolo de máximo poder, riqueza y estatus social. Con el tiempo, el diseño evolucionó, los hombres los bajaron al piso y las mujeres los conquistamos para siempre, transformándolos en el sinónimo de sofisticación que conocemos hoy.
